jueves, 13 de noviembre de 2008

Batallas

Yacías allí, a mi lado. Tan ausente. Tan triste. Y yo sabía por qué era. Porque aquellos pájaros negros con forma de manecilla de reloj se lo habían llevado todo. Encendí un cigarro, y las volutas de humo subieron hasta el techo, formando anillos como los que nunca rodearían ya nuestros dedos. Por mucho que deambulé por los recuerdos no encontré ningún ansiolítico que detuviera ese llanto de sentimientos; profundos como sueños llenos de monstruos y manos gigantescas. Mandé a mis ejércitos a la reserva, pues el armisticio ya era un hecho. Después de meses de batalla, la guerra había terminado en tablas. Como suele ocurrir, por otra parte. Nunca hay vencedores y vencidos. Sólo hay derrotados. Y tú y yo lo éramos.Así que me levanté de la cama. Tú me dabas la espalda, ya en otra dimensión, en otro mundo distinto al mío. A partir de entonces ajeno, pero al que volveríamos demasiado a menudo, al menos yo, porque, como dice Benjamín Prado en uno de sus libros, la nostalgia es un monstruo de tres sílabas que devora la razón.

9 comentarios:

Velocet dijo...

Dammit. Me más que gustó :)

Roberto dijo...

me gustó. tus palabras se enroscaban al humo y sus volutas, estaba en aquella habitación. Una claudicación,( pero solo temporal...)no dejes de escribir

Alejandro dijo...

El blog de mis poesias


http://alestyleblog.blogspot.com/

Borja F. Caamaño dijo...

"la nostalgia es un monstruo de tres sílabas que devora la razón"... creo que en mucho tiempo no había leído una verdad mayor.

Saludos desde el Otro Lado.

Calypso dijo...

Me ha dejado sin palabras tu texto..Me siento muy identificada..Te agrego a mi lista de blogs!

Gala y Dolar dijo...

bello,muy bello.

MANDALAS POEMAS dijo...

Hola Natalia gracias por tu visita y bueno, aquí estoy disfrutando tu espacio. Un abrazo,


Víctor

Lane dijo...

Se podría titular "el último". Muy bueno.

Salud

Angel Arias dijo...

Desde otra generación, pero en muy parecida sintonía, te envío un saludo. El placer de escribir tiene un complemento necesario, inmenso, en el placer de leer lo que está bien escrito y transmite sentimiento.

Lo consigues, y ese mérito cotiza siempre.