viernes, 5 de septiembre de 2008

Y cuando duerme se oxida su cuerpo, pero no solo eso,
también la cama, la sábana, el suelo, las paredes, la ventana,
la luz, la esperanza, el espinazo de la noche, la mañana.

Y al fin despierta y su mirada neonata extrae de nuevo la belleza
de allí donde se posa, y va mirando el mundo somnolienta
y el mundo se descubre ante ella, paso a paso, parte a parte,
trozo a trozo deja el sueño, cobra entidad todo de nuevo,
el cielo se despliega, la tierra se hace sólida y caliente,
se disuelve la herrumbre allí donde ella mira.

Ya es de día,
todo suena y todo vibra.

3 comentarios:

sean felices dijo...

huele a cafetera

Capitana dijo...

Es algo que nos pasa cuando estamos con quién amamos, con una sola mirada suya, se nos cae el óxido.

La cónica dijo...

La imagino dando cabezadas, y el mundo comenzando a chirriar. Luego, ella dormida, y el mundo retorciéndose, y confundiéndose en el amasijo de hierros todo, la ropa tendida, los vecinos, el otoño, el brazo de ella, dormido, todo lo que usted dice, cogido por un imán gigante, estrangulado de orín hasta ser chatarra, y luego ella despierta, como usted dice. Como bien dice. Porque lo dice muy bien.

No sé si el poeta tiene el control aquí sobre lo que rima y lo que deja de rimar. Pero no me importa demasiado. Una belleza.