miércoles, 17 de septiembre de 2008

Moldes

Yo te habría escrito mil versos más. Habría ideado rimas y ritmos para ofrecértelos cada mañana, cuando tu pelo aún se enredaba en mi pecho. Una paseo por la Gran Vía al caer el sol aparece ahora en mi memoria, vívido y real, como si estuviera volviendo a echar esa moneda a aquel chico que tocaba el saxo como nadie. Y también está tu sonrisa, tu abrigo largo y negro como una noche de agosto. Y aquellos días en los que yo me podía comer el mundo por los pies porque tú estabas allí, a mi lado, en la plaza, al sol, con una cerveza y nada más. No hacía falta nada más. Quizás sólo un libro y aquel disco de Leonard Cohen. Insufrible es el vacío ahora cuando compruebo que todo eso no es más que pasado hecho jirones. Y que tú llenarás los días y las tardes de otro que disfrutará como yo lo hacía entonces, como no lo volveré a hacer. Porque la evidencia de que contigo rompí el molde no admite discusión. Por ello paso los días invadido por la idea de que es una perdida de tiempo seguir buscando otros moldes, porque no sostendrían la comparación. Y sé que no se puede vivir comparando, pero qué se puede hacer cuando la realidad se presenta de una forma tan clara y dolorosa. Cuando te quita vendas y te abre los ojos para siempre. Sólo admitir la realidad y dejar de creer que, queramos o no, la vida sigue adelante con mil opciones abiertas.

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