viernes, 13 de junio de 2008

Leo en la nebulosa


Leo en la nebulosa mi suerte cuando pasan las estrellas velo-
ces y oscurísimas.
Rueda: plazo: zarpazo. ¡Salud, oh tigre viejo
del sol! Esta botella: ¿nos dirá la verdad
antes que el vino salga volando por el éter? O te quemas
o te dejas cortar. Salud hasta la muerte,
Dylan Thomas: la estrella del alcohol nos alumbre
para ver que apostamos, y perdimos.

No estaba Dios. Corrimos demasiado veloces con la antor-
cha quemada en nuestras manos
libérrimos y errantes por volar al origen. -Mi padre jugó
sucio,
dijo Kafka el testigo.
Mortal, mortal error
meter a nadue en esto de nacer: somos hambre.
Pero el fuego está abajo con los muertos que crecen todavía.

Somos hambre. Oigo voces y escribo sobre el viento sin
hojas de mi tabla
de salvación. Ahí dejo temblando este cuchillo.
No hay cielo sino sangre, y únicamente sangre de mujer
donde leen su estrella los desnudos.
Y otra cosa es la muerte que nos para de golpe. ¿Dónde estamos?
Sólo entonces el beso: ¡te palpo, Eternidad!
¡Te oigo en la madre oscura cuando empiezan llorando las
raíces.

GONZALO ROJAS

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