miércoles, 18 de junio de 2008

Heridas

Y llorabas cuando follábamos. Profundamente. Gemías de placer, pero las lágrimas resbalaban por tu rostro. Llorabas igual que en muchas otras ocasiones. Y yo había terminado por acostumbrarme, aunque nunca llegara a entender qué era lo que tenías. Después, sentados los dos en la cama, con un cigarro en los labios, tú tratabas de explicármelo. Me hablabas de campos de trigo y de muñecas desnudas. De tardes inmensas como lagos. Me explicabas algo sobre una herida de ésas que no se ven y que no cicatrizan nunca. Y que sangran como úlceras. Entonces yo te apretaba contra mí, y tú volvías a llorar y a mí me daba la impresión que te dolía quererme. Que te dolía querer, y que ya fuera follando o escuchando nuestro disco favorito las lágrimas serían compañeras nuestras. Y desde entonces tengo una misión basada en conocerte en toda tu extensión, de cabo a rabo, no dejar ni una célula de tu pensamiento sin rastrear en busca de una herida tan vieja como la tierra y tan omnipresente como el amor.

5 comentarios:

cucaracho dijo...

Es como ver una foto y recibir un codazo en las costillas acto seguido.

Luciérnaga dijo...

Me encanta, Trapi.

Un bes grande.

Hache dijo...

Me paseo por el blog y me gusta lo que leo. Esto me ha llegado especialmente .. es intenso.

ale dijo...

me he detino en " las heridas" que has sido capaz de no ignorar...me he detenido...porque me he visto..."como si te doliera querer"...Asi es...la emocion nacida desde lo definitivo que ya huele a melancolia...Sacude...lo naturalmente definitivo...y hay, tambien hay trivialidades de nuestar inocencia...aun en toda esa calides e intensidad que se propone diferenciarse de la mediocridad y la miseria.
La dulzura y el abismo del encuentro hasta las tripas...hacernos inocentes otra vez...cada vez...si, aunque nos duela...si total...lo demas es todo mentira.
saludos desde Argentina.

Anónimo dijo...

bellísimo