viernes, 30 de mayo de 2008

Tu niña

Ahora tu niña esta cogiendo los 50 euros que hay sobre la mesita de noche. Los guarda en la cartera y enciende la luz de la lámpara después de apagar la del techo. La luz amarillenta atraviesa el cuarto y el viejo, sentado en la cama matrimonial, se quita la camisa, botón por botón, con ciertas dificultades. Está borracho y casi no puede hacerlo solo. Cuando eligió a tu niña entre las demás compañeras ya estaba visiblemente borracho. Fue un error, piensa tu niña, ofrecerle otra copa al llegar al piso. Pero eso promete el anuncio.

Ahora tu niña retira el prepucio del viejo. No está sucio del todo, aún así tu niña le obliga a sentarse en el bidet. Él se tambalea. ¿Dónde estuviste cariño? No sé, por ahí, en algún bar. Dice, no me toques tanto la polla, eso es un truco de putas. Y tiene razón, si le haces media paja mientras se la limpias se correrá antes. Aunque el viejo está tan borracho que no se correrá, piensa tu niña, mientras rodea con su mano enjabonada el miembro del viejo.

Al menos tu niña no está en la calle, apoyada en un arbolito, casi desnuda. Hay mucho peligros en las noches, en las calles. Aquí sus clientes usan americana. Y pantalones de pinzas, que tu niña les quita cuidadosamente antes de introducirse su pene –su polla- en la boca. Cuando el viejo se tumba en la cama –más que tumbarse se arroja como un peso muerto- tu niña se la sigue mamando. No es suficiente, porque es viernes y Amador –que así dice que se llama, qué ironía-, viene puesto de coca. Entonces tu niña le dice lindezas, guarradas susurradas al oído, deseando que llene su boca cuanto antes, deseando acabar pronto.

Como el viejo se da cuenta de la situación, de su incapacidad para el sexo, trata de conversar con tu niña, como en las películas. Se sienten mejor cuando las tratan como a personas, se sienten mejor pensando que son Richard Gere. Tu niña lo ha visto muchas veces. Pero tu niña ya ha cobrado mucho conversar, y sabe que, al final, se la acabaran metiendo en cualquier lado. Con un extra en la tarifa, eso sí, que no sale en el anuncio del periódico.

Cuando el viejo se recompone –solo necesitaba un instante- muerde en el cuello a tu niña, la ensarta con su polla enhiesta; ella –tu niña- muerde el vello negro de su pecho y, cuando le da la vuelta –ponte así-, muerde la almohada. Se la folla por todas partes, como un héroe épico, tu niña gime y grita, le dice te quiero – y tú la quisiste como solo una vez, a una persona, se quiere en la vida-, todo es mentira. Siente el peso del cuerpo de Amador, ejecutivo de un banco nacional, hundiendo su cuerpo en el colchón. Siente su embestidas y el ruido tan feo que hacen dos cuerpos al amarse, sus muslos chocando contra su culo, periódicamente. Al final el viejo, que ha visto mucho porno, obliga a tu niña a ponerse de rodillas sobre la moqueta sucia de semen reseco –la limpian una vez al año. Tu niña pone cara lasciva, le dice córrete en mi boca, en su glande hay restos de lubricante y de heces. Tu niña recibe la mayor parte de la carga en la boca, aunque un poco en el ojo, lo que le impide ver bien durante un rato. Has estado fantástico, vuelve algún día de estos, le dice tu niña al viejo, ya apaciguado, después de darle dos besos en la puerta la habitación que tiene asignada.

Cuando tu niña vuelve te encuentra tumbado en la cama, iluminado por la lámpara de la mesita de noche, tratando de leer un best seller del que no leíste ni una línea. Es tarde, casi amanece, y has pasado la noche insomne, viendo al viejo, que tal vez no exista, su vello pectoral, su semen en los labios que ahora besas, todo dentro de tu cabeza. Vivís en un cuarto sin baño, en una corrala, hace falta dinero. Tu niña sonríe cuando entra –su sonrisa limpia y perfecta - pero sus ojos, sus ojos. Tú tambien le sonríes –pero tus ojos- y preguntas ¿cómo ha ido? Y luego te arrepientes de preguntar algo que no deseas saber. Y tu niña dice bien, como siempre, y se tiende junto a ti y te abraza, y después de un rato, en la oscuridad y el silencio, dice, esto pasará pronto y tú, agarrando su pelo, su nuca, su cuerpo entero, le dices, esto tiene que pasar. Y entonces ella se incorpora y te sonríe como sonríe una madre. Y hay un abismo, pero tu nariz se pierde en su cuello y huele a jabón y a frutas frescas, como siempre que se ha duchado antes de volver y está cansada, y quiere amanecer pero se queda la noche.

2 comentarios:

sean felices dijo...

¿sin futuro? con presente!

Pam dijo...

Relato alucinante... real, crudo y dulce al mismo tiempo ;)