viernes, 4 de abril de 2008

Reminiscencia

Otra vez esa sensación, empieza a hacer calor, la luz del sol calienta mi rostro como un puré caliente y blando derritiéndose sobre mi piel, como aquellos veranos en Caños de Meca cientos de años atrás, bajando acalorados las escaleras serpenteantes donde siempre estábamos a punto de matarnos y en las que una vez encontramos un camaleón de ojos saltones que te hizo mucha gracia y al final, abajo, la playa, todas aquellas noches de flamenco, la arena entre los dedos de los pies, el cajón, la guitarra y la flauta travesera (yo amaba su sonido sinuoso) y el firmamento dándonos cobijo limpio y oscuro –todas la estrellas, todas- y perfectamente redondo porque todo era así entonces, esférico y perfecto, hasta la Tierra y el Cielo, hasta eso; recuerdo tu cuerpo fibroso perlado de sal mientras te comías una gamba gorda y hermosa y una gota de mar caía en tu ombligo desnudo, plof, y se oían las olas y yo te decía tu piel es dorada como el pollo frito y tú te reías mostrándome todos tus pequeños dientes que parecían perlas o pastillas de éxtasis; a veces noté un fino velo de ceniza cubriendo tu mirada y no me preocupó lo suficiente, eso lo recuerdo ahora pero el recuerdo tiene la calidad del sueño o la ficción o la fantasía y ya no sé si realmente ocurrió o simplemente lo imaginé porque éramos solos los dos y el resto del mundo no existía y la gente eran actores y al atardecer corríamos bajo la sombra trenzada por miles de ramas trenzadas en nuestro campamento en El Camaleón y cuando se hacía de noche nos trenzábamos nosotros y dormíamos.

¿Lo recuerdas? A la vuelta me dijiste que me habías dejado de querer y las fotos ni siquiera habían salido.

Otra vez esa sensación.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

joder, es que me fascina cómo escribes. Se ve el mar, el ambiente, se huele, el calor, todo.

Anónimo dijo...

Bueno muy bueno.

Ciro