lunes, 14 de abril de 2008

Bibliotecas

Por todas partes apilados los libros avanzan en desorden, lentamente cubren el escaso espacio vacío, silenciosos como un cuerpo adormilado. Construimos nuestras bibliotecas a expensas de nuestras vidas. Hubiera tal vez sido mejor dedicar las horas a los placeres humildes, al deliro amoroso, felicidad suprema, a la arena y al río. Mas entonces qué hubiera sido de la conciencia del horror, qué de nosotros mismos.

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