miércoles, 26 de marzo de 2008

Lipstick

Trazo con mi dedo una suave curva sobre la piel de tu espalda desnuda, luego me incorporo y la observo orgulloso, creyendo ver el dibujo recién dibujado y que no existe: como si mi dedo estuviera impregnado en tinta o fuera un lápiz de labios, qué bonito, un lipstick, aunque yo lo que pinté fue un corazón y no un labio, y además rojo, un corazón carmesí sobre tu espalda morena; lo miro y me divierte pensar que, pasado un rato, dejarás la cama, te pondrás el vestido verde que te deja desnuda de la nuca a la cintura y saldrás a pisar alegre las calles del centro bajo un sol amarillo, donde todos te mirarán y se volverán a tu paso tras un encuentro fugaz con tu cuerpo lindo, con tu dulce cuerpo de esclava, pero solo yo sabré el dibujo, será solo para mí el corazón bien rojo tatuado sobre tu espalda o, tal vez, tatuado en mi mirada; yo y nadie más que yo, ni siquiera tú, pues duermes boca abajo y respiras despacio ajena a todo esto, mientras te contemplo entre mis piernas, sentado a horcajadas sobre tu culo como quien cabalga un pequeño corcel.

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