martes, 11 de marzo de 2008

El desprecio

Y entonces la habitación se tornó en caverna y el silencio ocupó el espacio como una gelatina blanda y espesa, y era difícil para las cosas moverse, y se difuminaban las formas, y la vida y todas las cosas que ella contiene parecían tontas, inútiles y sin sentido y no lograban abrirse paso. La garganta seca.

Tú desnuda y tu cuerpo crepitando como los tambores de una tribu de indígenas con piel de ébano perdida en las selvas del África central tocando rituales de muerte. Imagino tu cuerpo pintado con pintura roja adornado con collares y colmillos de animales salvajes y conchas recogidas en la orilla de las playas de agua cristalina donde sopla un viento de sal. Imagino a una pantera morado oscuro agazapada en la espesura preparada para dar un salto y las garras esperando a desgarrar la carne y recibir la sangre. E imagino unos dioses paganos iracundos condenándonos con su dedo acusador y sus dientes amarillos y el hedor y su furia desatada mostrándonos un infierno de humo y sudor.

El atardecer nos cubre como la piel de un oso y se prepara una batalla. Las palabras se alejan como aves migratorias tomando la ruta errónea. Los soldados se arrastran por pasadizos subterráneos con el pecho desnudo.

Y después, el desprecio.

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