martes, 26 de febrero de 2008

Buenas noches.
Antes que nada debo pedir perdón por las ausencias.
La vida te lleva a situaciones angustiosas. Y la muerte aparece, sorprenderte y a traición y se lleva cosas.
Quizás ese algo innato que nos obliga a respirar, a buscar el equilibrio, nos hace recomenzar. Levantándonos, aun con la fé mermada.


Las horas lentas






La agrietada piel
de mis manos secas de tí
se abre en llagas como abismos
mientras los días pasan lentos al sol
y el mar que permanece
me hace ver la fugacidad de mi vida
y fulgores de muerte.


Es triste esperar en las horas lentas
que pasan hasta la noche
en la que los sueños me abrazan
con la forma tus piernas
alrededor de mis caderas
que se clavan
en los huecos que arrastras.


Y miro los pájaros negros
entre los acantilados
que como sirenas
me llaman a este mar
no azul
sino negro.




1 comentario:

Gabriela dijo...

El reloj de arena se detiene cuando hay dolor, y no cae ni un solo grano...
Eterno.