jueves, 17 de enero de 2008




Como un alcaraván te robo el nombre,
y lo esculpo sobre esta mesa cálida
de cerezo, que algún día alguien decidió talar.
te recuerdo, entonces, regalándole lágrimas a Gamoneda
leyendo en él
lo frías que estaban tus sábanas
antes, justo antes, de mí.
Podría escribir sobre mis pezones azules,
ese azul de tus ojos,
y rogarte que no te vayas,
regalarte un mundo
rojo y amarillo
dibujado con tiza molida,
decirte que a lo mejor es verdad
todo aquello que siempre callo.
decirte, por ejemplo, que tus labios
tienen el sabor
de la tirita que recubre mis pupas
y que estás grabado en mí
como una escultura al limón
sobre la piel del mármol.
O podría confesarte y explicarte
que no con todos los hombres
después de un orgasmo
lloro.

podría.

2 comentarios:

M. dijo...

Las sábanas se me antojan mucho más frias después que antes.

El después tan frio con el recuerdo de lo que fue calor y cobijo.

Me gusta.

Viktor Gómez dijo...

LU:

Conforme he releído algunos poemas tuyos y entierro prejuicios y dejo a la intuición se aventure desnuda en la selva de tu llanto y gozo, voy asimilando esa música extraña que cava tan hondo hasta la llave ignea de tu poética.

Y por ascuas se que estuvo aquí, en mi silencio, en vuelo discreto, tu signo en rotación, un aleteo leve, amaneciendo.


Un abrazo,

Viktor