martes, 25 de diciembre de 2007

Un poema de Arturo Méndez Cons

Arturo Méndez Cons, también conocido como El Perro del Mal, es, en mi opinión, junto a su novia Safrika, uno de los mejores escritores actuales de prosa poética. Como el fotógrafo perfecto, es capaz de hacer "click" en los momentos más oportunos y simbólicos de la vida, describiendo escenas y sensaciones en las que todo lector es capaz de reconocerse, pero de una manera tan personal y auténtica, que al leerlo, sientes que te están clavando una daga. Escucharlo recitar es todavía mejor. Me dejo de tonterías y os dejo con un poema suyo que lo dirá todo. Podéis leerle en www.elperrodelmal.blogspot.com y a Safrika (en breve os subiré algo suyo) en www.safrika.blogspot.com







Entro en el lavabo a oscuras
mientras dejo a Miguel, fuera
hablando solo, quejándose de lo deteriorada
que está su
relación paterno filial
por culpa de la Juez, del psicólogo y
no
le doy al
interruptor porque
logro distinguir la taza del bidé y se está mejor
así, parece que pueda oírse
la lluvia con mayor
nitidez, que el aire
limpio, más que de costumbre y
las gotas golpeen con lentitud, la ventana
traslucida y
por algún motivo todo eso me proporciona
cierto momentáneo estado de serenidad y aunque
lo lamente, esa es la verdad, por Miguel y por su
hija.

Es curioso
que las personas se distancien así. Sin saber
por qué un día puedes tomar un avión y despegas
con un alka seltzer en el
bolsillo de la camisa, tragas
un martín seco con el
cinturón de seguridad bien abrochado y
cruzas el
océano una vez la azafata y el resto
de la tripulación os
han ilustrado sobre cómo sobrevivir
a una tragedia aérea
os desean feliz viaje y os
recomiendan comprar
algún artículo (probablemente inútil) de dutty free

De poco sirve la serotonina a
los maníaco depresivos y veintiséis
años, por ejemplo, pueden no ser nada y
muchos seres humanos viven menos que eso, esta
lluvia no parará nunca, tiro de la cadena y abro el grifo, me
parece un desperdicio de agua, agua, y más agua, me seco las
manos, no lo reconozco con precisión pero juraría
que he oído un carraspeo, casi un tosido o un
sollozo y al salir le digo a bocajarro, -Tranquilo
Miguel, ya lo verás:
que
todo se arreglará-. Y él,

alza el rostro
algo aturdido y a su vez pregunta-. ¿Pero

no está muy
oscuro
aquí?