lunes, 31 de diciembre de 2007

OTRO DEL "HIJO DE MADERA"


Antes de dar al pueblo sacerdotes, soldados, médicos y maestros,
sería oportuno saber si por ventura no se está muriendo de hambre.

Lev Nikolaievich

REMEDIO DE VIEJA

Me gustaría vivir donde se pudiera ver el mar desde mi habitación. Daría lo que me queda de existencia por asomarme a mi ventana y ver esa amalgama de colores salados en vez de este campo de blasfemias hechas personas.

La única esperanza que tengo es morirme de una vez y esperar que mi casa del cielo este cerca de una playa. Tanta agonía ya me ha insensibilizado de todo este dolor humano, de toda esta gente que podría curarse si la parte rica del mundo ayudara un poco a la parte pobre. Ya me lo dijo mi padre antes de pisar una mina: en este mundo la única felicidad que podrás sentir será la de las series de televisión, somos los últimos monos en esto de la plenitud personal.
Y es que estar en los túneles subterráneos de la pirámide de Maslow no trae nada bueno, y es que ser pobre, africano y tener el VIH no suele ser una buena combinación y mi caso no es una excepción.

Se vende alto el precio del placebo para que la opinión crea que se soluciona el problema pero en realidad los efectos sean inocuos, debido a esto miles de personas tomaran pastillas contra el dolor de cabeza creyendo que salvan el mundo, en realidad lo que se toman mientras beben agua supuestamente mineralizada y descontaminada, es nuestra alma.

El otro día vino a visitarnos uno de esos famosetes que necesitan publicidad para su nueva película en la cual se va ha invertir más del dinero suficiente para aliviar el sufrimiento de todos nosotros y para salvar de la enfermedad a otros tantos. El famosete en cuestión se hizo cuatro fotos, nos toco un poco (con guantes, por supuesto) y se fue en su helicóptero a su casa con embarcadero. Recuerdo que no nos miró a la cara. Posiblemente no se atrevía a leer su culpabilidad en nuestra cara.

Hoy no teníamos gasolina para que el generador funcionara.

Sin luz, sin agua, sin esperanza...

2 comentarios:

M. dijo...

¿Qué decir?¿Qué hacer? Sino bajar la cabeza llena de asco y culpa.

Viktor Gómez dijo...

Valerio:

Hay que leerlo en voz alta, en medio del colegio, entre los compañeros de oficina, en pie ante los comensales dominicales o en la plaza el viernes noche. El voz alta, clara, sin prisas.

Que nadie pueda decir que nunca supo, que nunca oyó 'el alarido de la mariposa' (Quique Falcón)

Un abrazo,

Viktor